Esta historia comienza en Croacia, dentro de Tvin, una fábrica donde la artesanía nunca fue una palabra de marketing. Durante más de un siglo, la gente de aquí ha entendido que lo que uno fabrica lleva el peso de todos los que lo tocaron antes.
Durante ocho años, Hrvoje Vampovac trabajó en una idea que no le abandonaba. Una mesa que se expande sin problemas —sin hojas separadas, sin problemas de almacenamiento—, solo roble macizo que se adapta a la vida tal como sucede.
La construyó en silencio. La perfeccionó.
Entonces Slobodan Todorović entró en la fábrica y se detuvo. Durante siete años había estado en una misión: fundar empresas de muebles, construir marcas, moverse entre continentes, todo con una creencia: que la artesanía balcánica merecía un lugar en el escenario mundial.